domingo, 21 de marzo de 2010

El desapego "cura"

No siempre el día es soleado. En ocasiones, nubes, más claras o más oscuras,
ocultan el Sol. Pero tú sabes que está ahí detrás y que, antes o después, volverá a
brillar.

Con tu Sol interior, tu Plenitud radiante, sucede algo similar. No
siempre es visible, no siempre percibes su presencia. Por múltiples
razones, la oscuridad puede velar el campo de tu conciencia. Hasta
puedes olvidar que tú eres Eso: Plenitud radiante.
Nuestro cuerpo físico es susceptible de padecer enfermedades dolorosas,
leves o graves, agudas o crónicas, y el sufrimiento puede cebarse sobre
ese cuerpo e incluso impregnar el alma de dolor. Es necesario comprender
qué ha sucedido y por qué ha sucedido. Por qué hemos perdido la armonía
que nos permite escuchar la música callada de nuestra Plenitud radiante.
Toda enfermedad procede de un desequilibrio, de una falta de armonía, de
una falta de alineamiento con nuestra alma. Así pues, vuelve a ser
consciente de tu cuerpo y ámalo. Escúchalo. Dale las gracias.

Muchas de las enfermedades físicas tienen su causa en conflictos
emocionales. El campo emocional es nuestro campo de batalla. Allí se
libran pequeñas y grandes batallas, desde ligeros desengaños hasta
profundas depresiones, desde desgarros efímeros hasta decepciones
duraderas, desde perturbaciones fácilmente asimilables hasta roturas de
nuestra vestidura emocional con los trastornos que todo ello acarrea.
Conflictos familiares, con los padres o con los hijos, con los novios,
con los maridos, los amantes, o las novias, esposas o amadas; con los
compañeros de trabajo, jefes o subordinados, incluso roces o choques con
vecinos o colegas. En este mundo estresado y competitivo, es fácil
padecer con frecuencia perturbaciones emocionales de mayor o menor
gravedad. Y cuando la tensión emocional es grande, nos impide también
percibir la Plenitud radiante que somos. Así pues, relaja no sólo tu
cuerpo físico, sino también tu cuerpo emocional, afloja no sólo las
tensiones neuro-musculares, sino también las tensiones emocionales. Es
importante vivir en paz. Por eso, en meditación, intentamos siempre
cultivar esa paz profunda que nos pone en contacto con nuestro ser
íntimo, nuestra alma y nos armoniza con efectos sanadores. Por tanto,
afloja toda tensión emocional y busca ese centro de paz gozosa que ya
conoces y donde te sientes ser más tu mismo(a).

Si seguimos profundizando, nos daremos cuenta de que las dolencias
físicas y los trastornos emocionales suelen tener su raíz en nuestra
actitud mental. Ideas-valores que entran en conflicto, expectativas
mentales que desencadenan los desengaños y el sufrimiento. De ahí la
importancia de trabajar las ideas-raíces que hacen aumentar el
sufrimiento emocional en cuanto las cosas no van como nosotros
quisiéramos que fueran. Sin duda, has escuchado hablar muchas veces del
desapego. No hace falta ser monje budista o yogui hindú para comprender
la importancia del desapego. Resulta evidente que si nos aferramos de
manera desesperada a las cosas o a las personas, la pérdida, a veces
inevitable, de alguna de nuestras “posesiones” a las que estamos
apegados emocionalmente nos desgarrará y causará sufrimiento. Claro que
hay “apegos naturales”: a la vida, a los seres que amamos, a las
situaciones que nos gustan, a las cosas que nos producen placer y
comodidad. Pero, incluso ahí… o sobre todo ahí es donde hay que ver con
claridad que todo ello es efímero y que, antes o después, la separación
es inevitable, al menos mientras estemos centrados en este tipo de
cosas. También muchas enfermedades tienen un origen mental. No porque
sean “trastornos mentales” psicopatológicamente clasificados, no me
refiero ahora a ello, sino porque toda nuestra actitud emocional y toda
nuestra armonía biológica dependen de esas ideas, esos esquemas de los
que penden nuestros comportamientos y nuestra vida entera.
Por tanto, aprende a desidentificarte de toda idea, a resolver todo
conflicto mental, a mantener un desapego que surja de una compresión
lúcida de la naturaleza de las cosas. Así pues, calma tu mente, cultiva
la serenidad interior, descansa en tu lucidez silenciosa y, de ese modo,
podrás hacerte transparente a tu propia Plenitud radiante.

V. Merlo
Plenitud radiante

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