sábado, 31 de mayo de 2008

Entrevistas en la cuneta

El curso llegó a su fin. Los estudiantes, ansiosos como leones hambrientos enjaulados, sabían que faltaban minutos para que el profesor pronunciase sus últimas palabras del año escolar levantando la veda para que disfrutasen de sus vacaciones.

- Desde este instante disponéis de tiempo, mucho tiempo y creo que sería útil que invirtieseis una parte. No os estoy proponiendo un trabajo evaluable, pero sumaría a vuestro favor presentar un proyecto donde pongáis en práctica parte de lo aprendido.

En ese instante, al unísono todos los jóvenes del segundo curso de Psicología de la Universidad de Barcelona se levantaron haciendo chirriar sus sillas contra el suelo, creando un estruendo acompañado de risas, gritos y algún que otro silbido.

El profesor pensó que sus palabras sólo iban a resonar entre esas cuatro paredes pero no iba a ser así. Hay palabras que, como algunas semillas, pueden germinar cuando menos te lo esperas y donde menos te lo esperas.

Ya en la cafetería, Joan, Marcos y Samuel hacían repaso de todo lo ocurrido; chismes, deseos, opiniones y sueños se iban alternando hasta que Joan tomó la palabra y dijo:

- ¿Y ahora qué?

La pregunta cayó como una guillotina que cortó la atmósfera de vital intrascendencia en la que estaban sumergidos los tres jóvenes. Más que una pregunta era una invitación a reflexionar, a tomar decisiones.

Se miraron a los ojos y se dieron cuenta de que ninguno de los tres tenía planes organizados ni obligaciones pendientes, en cambio disponían de lo más importante, tiempo y ganas. Con esos ingredientes el cóctel prometía. Empezaron a aflorar ideas, las debatían y desarrollaban hasta que una de ellas tomó forma.

- Una especie de psicólogos sin fronteras. – Apuntó Joan .

- Pero ¿A quién atenderemos? ¿Cómo lo haremos? ¿Dónde? - Preguntó Marcos

- Podemos ir a la aventura, improvisemos, ya saldrá algo. Podríamos usar la furgoneta-casa del hermano de Samuel. ¿crees que nos la prestaría?

- Seguro. Su época hippie ha pasado, la tenemos a nuestra disposición.

En la cabeza de Marcos aparecían números y datos para calcular el gasto que provocaría esta empresa, hacer un fondo común para la comida, la gasolina y extras. Ordenador portátil, cámara de fotos, grabadora, libros, ropa, saco de dormir...

Joan pensó qué le podía aportar este asunto, qué final tendría este plan, qué cosas podrían ser de interés para su preparación y para el tutor de su carrera. Hizo un repaso mental para sopesar lo que se podría perder en su ausencia.

Samuel soñaba despierto. Se imaginó hablando con desconocidos, escuchando sus problemas, aportándoles soluciones.

- Me voy a preparar las cosas, mañana a las 11 de la mañana os paso a recoger. -

En ese momento Samuel tendió su mano a modo de contrato, de pacto de caballeros.

Quizás no lo meditaron mucho pero sin saber cómo, las tres manos se unieron dando un “sí quiero”.

Al día siguiente estaban sentados los tres en una casa móvil con restos de un pasado mejor y con la dirección más sonora que las articulaciones de un anciano.

Durante el primer día no pasó nada. Mucho pajar para tan poca aguja.

El segundo día por la mañana partieron hacia lo desconocido, no sin antes lamentarse notablemente del grosor de los colchones que les hacían de cama.

- ¿Habéis visto eso? Claro ya lo tengo, ese es el camino. –Dijo pensativo.

- ¿De que camino hablas? ¿Nos hemos equivocado?

- No me refiero a eso, ¿no habéis visto a ese hombre que anda por la cuneta?

- ¿El indigente que lleva un carro? - Recordó Marcos.

- Tienes razón, es una gran idea. Además quien puede tener más problemas que un

mendigo de estos, a saber qué historia nos puede contar.

- Pero ¿no será peligroso? - Dudó Marcos.

- ¡Joder! En todo caso somos tres contra uno. Venga vamos. - Decidió Samuel.

Se detuvieron a la altura del mendigo y le dijeron:

- Buenos días.

- No soy de aquí. - Le respondió pretendiendo ahorrarle tiempo.

- No le quiero preguntar ninguna dirección, solo queremos hablar con usted.

Con un acto reflejo el mendigo retrocedió un paso.

- Me llamo Joan, él es Marcos y el otro es Samuel, somos estudiantes de psicología y estamos realizando un estudio sobre conductas, posiblemente conocer su situación nos ayudará a identificar problemas de integración social.

Su aspecto era desaliñado, sus facciones duras, su barba poblada y oscura con pinceladas blancas, parecía un ser huraño pero no se comportó como tal y le respondió con voz grave:

- No pasa nada por perder unos minutos, es lo único que os puedo ofrecer.

Aparcaron en la cuneta, sacaron una mesa y sillas desmontables de camping e improvisaron un despacho para la entrevista.

Marcos hizo unas cuantas fotos de la peculiar escena. El mendigo observaba la furgoneta, la ropa que llevaban cada uno de ellos, sus movimientos, su timbre de voz. Por otro lado, los tres jóvenes escudriñaban al mendigo, su aspecto, su olor o más bien su hedor, las absurdas pertenencias que guardaba en el carro.

- ¿Quiere un poco de agua?

- ¿Agua? No gracias, ¿quiere alguien vino?

Desconocían si esa respuesta fue una invitación con la misma intención que la suya o se estaba quedando con ellos. Se tenían que enfrentar con el impedimento de que no era la persona la que acudía al profesional con sus problemas bajo el brazo, justo lo contrario, ellos tenían que ser capaces de bucear en lo más profundo de ese hombre abatido por la vida sin haber sido invitados. Todo un reto.

Marcos cogió la grabadora de voz y tras grabar unas palabras la dejó sobre la mesa entre Joan y el mendigo.

- Dieciocho de junio de 2006, lugar: Teruel, entre Fuentes de Rubielos y Mora de Rubielos. Entrevista con... ¿perdone me puede decir su nombre?

El mendigo y Joan se extrañaron de ese ritual que, aunque improvisado, parecía que lo había hecho toda su vida. Samuel se sentó algo retrasado, seguía observando todo.

- Llámame Roberto.

- ¿De que huye señor Roberto? - Preguntó Joan.

- ¿Si lo haces tú le llamas viajar si lo hago yo es huir?

- Bueno se lo digo por que tiene que haber un motivo para renunciar a un tipo de vida con las comodidades necesarias. Me gustaría que me mostrase el origen de sus problemas, en muchas ocasiones empiezan por problemas con la bebida, o un desengaño con la pareja. Necesito saber de donde parto para saber a donde voy.

- ¿Y quien te ha dicho que tengo problemas?

- Nadie escoge ser vagabundo si no tiene un motivo.

- El hecho de que haya escogido este modo de vida no significa que desee otro tipo de existencia.

- ¿Entonces por que lo hace? ¿Qué consigue de esta forma? - Se aventuró a preguntar Marcos.

- Por libertad. Un día al mirarme al espejo no me gustó lo que vi y decidí romper con las ataduras.

- ¿No echa en falta a nadie, no ha dejado atrás personas queridas que le estén esperando o que puedan estar preocupados por usted? - Intervino Samuel.

- Si, alguien hay. Digamos que esto es como unas vacaciones pero sin saber el día de su fin. Quizás volveré a reunirme con ellos, pero hoy por el bien de ellos y para que este viaje sea lo efectivo que quiero, necesito despojarme de todo, absolutamente de todo. Siempre puedo volver si quiero. Además no os debería extrañar tanto, ¿no lo hace mucha gente cuando hace el camino de Santiago?, aunque yo pienso que para ese tipo de viajes el premio no está en el final, está en cada minuto que pases, en cada silencio, en todas las conversaciones, en las piedras, en las nubes, en todo.

Joan tomo la iniciativa y para aclarar conceptos dijo:

- ¿Entonces cual fue el detonante para que tomara esta determinación?

- Creo que una multa de aparcamiento - Respondió con una medio sonrisa.

- ¿Perdón? - Inquirió Joan ante la perplejidad que reinaba en los ojos de los tresjóvenes.

El mendigo dirigió su mirada a sus castigadas botas, como si esperase encontrar la respuesta en el subsuelo. Perder un ser querido; la frustración de un revés profesional injusto cuando había depositado demasiadas ilusiones en ese proyecto; verse enredado en una tela de araña compuesta de créditos, hipoteca, pagos domiciliados, obligaciones; un problema de salud. Demasiadas piedras en la mochila. Un buen día el sparring, harto de recibir golpes, se quita la máscara y después de organizarlo todo, parte sin destino conocido ni finalidad concreta.

A Marcos le interesaba mucho saber de que forma conseguía sobrevivir, alimentarse, tener dinero, encontrar alojamiento y las respuestas a esas dudas quedaron debidamente registradas en la grabadora y en su memoria.

- Desde que emprendí este viaje mi cuerpo se ha amoldado a otro tipo de reloj, la

hora de comer es cuando tengo comida, te asombrarías de la resistencia del cuerpo humano ante ciertas adversidades. En cuanto al dinero, ni os imagináis lo innecesario que es cuando no se necesita nada. Dicen que no es más feliz quien más tiene sino quien menos necesita. Sobre el alojamiento, tengo que decirte que es cierto que en ocasiones se pasa frío y alguna incomodidad incluso al principio algo de miedo, pero cuando te acostumbras no sabes lo agradable que es dormir al raso en verano bajo un manto de estrellas acompañado del olor de los naranjos.

- Y ¿Con qué sueñas? Me refiero a cuando duermes, ¿qué imágenes te vienen en los

sueños? - Quiso averiguar Samuel.

Esa pregunta se quedó sin respuesta, pero el mendigo le dedicó una sonrisa contenida unida a una mirada firme y profunda. A pesar de lo que pudiese parecer, el Vagabundo sabía que no era Freud quien preguntaba por boca de Samuel.

- ¿Se siente marginado o agredido por la sociedad? - Preguntó Joan.

- Bueno, en algunas ocasiones. Te encuentras personas de toda índole pero básicamente hay tres tipos; los primeros yo les llamo los “entronados”, son

los que apartan sus miradas o bien te hacen llegar su desaprobación haciéndote sentir como si delinquieses, están tan preocupados por ellos mismos y por sus problemas, tan llenos de tabúes y de prejuicios que me dan pena, bastante problemas tienen ya; los segundos denominados “siperono” son los que se compadecen de ti pero en realidad lo hacen para expiar sus pecados, tienen la certeza de que las monedas que me dan son para comprar la limpieza de sus conciencias, vamos que te pueden llegar a invitar a comer pero nunca en su casa; los terceros son “los auténticos”, se comportan de forma natural, te miran a los ojos con una nitidez meridiana, pueden darte dinero, comida o no darte nada, pero hagan lo que hagan lo hacen como lo harían ante cualquier persona, notas que su actitud no cambia por mi aspecto externo.

- Interesante análisis pero no creo que sea una cuestión tan sencilla, ni que sea tan

fácil vivir esperando recibir ayuda de otros olvidando aprovisionar para el mañana.

- ¿Conoces los Derviches? Son esa orden fundada por Rumí que danzan en círculos durante mucho rato llegando al trance para hablar con DIOS, bailan con la palma derecha hacia arriba y con la palma izquierda hacia abajo, con eso simbolizan que todo los dones que recibimos de DIOS los tenemos que devolver a la tierra. Todos somos un canal, todos estamos de paso, todo es temporal y si es así, ¿para que estancarme? Necesito caminar, moverme, salir de lo convencional, observar, necesito llevar poco lastre para elevarme.

- ¿No echa en falta el sexo? ¿Cuando fue la última vez que lo hizo?- Esta vez la sombra

de Freud planeó sobre sus cabezas.

- Bueno no voy a negar que en ocasiones tengo ganas pero no lo echo tanto de menos. La última vez fue hace una semana, iba caminando y me encontré a una prostituta llorando, tras unas horas hablando, cuando toda su amargura se fue, decidió regalarme uno de sus maravillosos servicios.

En la imaginación de Samuel, Jung sonreía frente a Freud por constatar que la libido no era siempre el motor de todo.

Joan se dio cuenta de que ese indigente tenía muchas más tablas de las que pensaba, si de esa charla saldría algún vencedor solo podía ser uno. Ya que no era capaz de hurgar en su pasado o en los posibles traumas que le llevaron a esa situación, pensó que sería de utilidad como mínimo darle un toque artístico captando sus anécdotas como la de la prostituta y comentó:

- ¿Ha hecho amigos por el camino? Por favor cuéntenos más experiencias que haya vivido, esos momentos tan enriquecedores como los que ha comentado.

Tanto Marcos como Samuel le dirigieron una mirada inquisidora por que no sabían si esa frase iba disfrazada de ironía o no.

- Si te contase eso sólo te quedarías con el envoltorio. De nada sirve que te cuente las piedras y los atajos que tiene un camino. Este camino no tiene mapas, si quieres vivirlo está ahí para todos, solo tienes que despojarte de tus moldes y caminar. Por otro lado no quiero que penséis que en el recorrido no me he encontrado con delincuentes, borrachos y personas que por cualquier motivo han perdido la cordura. La envidia y los celos también se visten con harapos y si es triste ver disputas por propiedades o cantidades importantes de dinero, verlo por simples tragos de vino o por un cartón para dormir es realmente cruel.

Joan notaba que definitivamente se le había descontrolado la situación, parecía que los roles cambiaban y la víctima se convertía en verdugo. Casi sin darse cuenta, su actitud dejó de ser neutral y espetó :

- Le agradecemos sus valiosos consejos, pero tenemos otras finalidades en la vida,
otras cosas más importantes que hacer, como ayudar a otras personas, así es que le
retribuiremos su tiempo y nos marcharemos.
El experimento empírico había sido un desastre, es como si un cirujano intentase abrir la piel de un paciente con un bisturí afilado por todas sus caras y cuanta más presión ejercía para cortar más se dañaba él mismo.

- Bueno veo que no has entendido mucho, no necesito vuestro dinero, no necesito nada. De todas formas yo también puedo analizaros, en tu caso imagino que tu deseo en la vida pasa por tener una consulta propia, a ser posible de lujo, con honores y reconocimiento social. Tener mujer, hijos, buen coche y una secretaria de amante, cada paso que des en la vida esperas que sea para ascender en tu escalera social. Si tú buscabas mi “porqué”, tu amigo buscaba mi “cómo” y con tanta afinidad por aparatoselectrónicos demuestra tener una dependencia por el control y la seguridad, supongo que esperará un trabajo en una reconocida multinacional. La duda la tengo con el único que me ha hecho preguntas de mi interior, el único que buscaba la esencia. Bueno gracias y hasta otra.

Después de alejarse del grupo, los tres jóvenes se quedaron en silencio, Joan comentó que como trabajo de campo tenían suficiente para hacer un breve proyecto. Marcos Asintió.

Recogieron todos los enseres con una tristeza contenida, no tenían claro si había sido un éxito o un fracaso. Lo que si tenían claro es que quien parecía la presa se convirtió en el cazador.

La vuelta a casa en la furgoneta prometía silenciosa. Marcos pensaba si había valido la pena el gasto para esa entrevista. Joan pensaba que habría dicho Adler, Hume, Freud o Jung, si hubiesen hecho esa entrevista. Samuel permanecía ausente, pensaba cuándo tendría el valor de iniciar un viaje de ese estilo. Con la cabeza apoyada en la ventanilla, sus ojos parecían mirar hacia el exterior pero era justo lo contrario, nunca antes había mirado tan adentro.

Tras el cristal todo se veía borroso ya que el vaho de su propia respiración empañaba el vidrio y hacía aparecer y desaparecer los coches, las personas, el mundo.

Mientras, Roberto se alejaba caminando indiferente, sin miedo, sin prisa. Una parte de Samuel se fue con el mendigo.

En la furgoneta regresaban tres cuerpos pero solo dos almas.

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